JUAN MARÍA GAVALDÁ

Hace unos días, tomando un café, charlaba con un buen amigo, ex – jugador profesional que lo fue durante casi 20 años, de los más históricos de nuestro país, y desde hace unos cuantos empresario en el sector del baloncesto. Un hombre muy capaz  y siempre interesante sentarse con él. Claro y concreto. A veces demasiado. Un encanto de persona, muy apreciado por mi, tanto él como su familia.

En un momento de la conversación me dice: “El baloncesto me ha dado todo lo que soy y me ha quitado todo lo que pude ser”. ¡Caramba¡. Menuda frase.

Me quedé impresionado puesto que viniendo de él, que ha recibido mucho del baloncesto, tenía un punto de nostalgia, cierta, sobre lo que consideraba que hubiese podido ser y no fue. Daba a entrever que lo que había dejado por el camino, a cambio de disfrutar por el baloncesto, era mucho y de mucho valor.

Pensé en cuantos de nosotros nos sentíamos identificados con esta frase, casi sentencia.

Cuando nos hacemos entrenadores, lo hacemos por nuestra vinculación directa al juego, generalmente como practicantes. Algunos de forma simultánea y otros al terminar nuestra etapa de jugador. Prácticamente todos lo hacemos porque nos gusta enseñar a jugar y descubrimos poco a poco que nos gusta tanto como cuando jugábamos. Es tremendo el impacto de esta primera sensación.

Por esos momentos iniciales, todos caminamos por nuestras vidas con actividades paralelas muy definidas: estudios, trabajos, amistades, aficiones, etc. Forzamos los tiempos y las maneras para encajar todas y cada una de ellas con nuestra pasión por entrenar. A veces fluidamente y otras a empujones. No siempre con buenas aceptaciones, tanto externas como propias. Pero hemos puesto la “directa” y por ahí tiramos a toda marcha. Cuando aspectos colaterales se resienten, en muchas ocasiones quedan abandonados y sin posibilidad de recuperación.

Cuantos casos conocemos en los que se han quedado por el camino estudios previstos como fundamentales para nuestro futuro, diseñados desde el ámbito personal o familiar, con mucho tiempo de dedicación anterior y en algunos casos ya finalizados. Medicina, Derecho, Ingeniería, Económicas, Filosofía, Arquitectura, Geografía, Empresariales, Formaciones Profesionales, etc. En cuantos de esos centros de educación se han quedado extraviados fenomenales estudiantes que han salido detrás de una pasión como la de ser entrenador.

Y cuantos trabajadores y empresarios han cambiado el rumbo de su vida laboral, decidiendo que su visión para el futuro debe ser otra muy distinta, enfrentándose a situaciones personales muy contrarias a esa decisión y en muchos casos no entendiendo nuestra decisión de invertir todo en ser entrenador.

Incluso relaciones personales importantes se quedan por el camino al no poder seguirnos, sintiéndose de segundo orden en la convivencia prevista, perdiendo los objetivos comunes y siendo irrecuperables.

Por todos vosotros y en cada circunstancia, es bueno deciros que somos muchos los que hemos pasado por ahí y que aún valiendo la pena haber tomado esas decisiones, muchas veces pensamos en lo que pudimos ser y no fuimos.

La frase de ese buen amigo se merece esta reflexión que hago en voz alta, compartiendo con todos vosotros estos momentos de lectura, cortos pero emocionantes.

Buscar la Prosperidad propia y la de los demás se merece el esfuerzo que realizamos en el día a día de nuestra actividad como entrenadores.

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