Sucedió lo que se esperaba. En la segunda ocasión en que la que ha habido representación española en un gran torneo internacional se ha repetido la historia. Si en Montecatini 2017, en la categoría +35 los rivales fueron el favorito (Serbia) y el que contaba con más profesionales todavía en activo (Chile), esta vez en +40 el sorteo ha sido a priori todavía peor: el actual campeón mundial (Italia) y el anfitrión (Eslovenia). Las bromas sobre ‘bolas calientes’ dieron paso a la cruda realidad: luchar por las medallas requiere de una hazaña.

Lo primero que salta a la vista es el extraño sistema de clasificación que se repite en cada campeonato y que se aleja de la ortodoxia y provoca que el más mínimo fallo al principio del campeonato te aleje definitivamente de la lucha por el título. Y convierte en decisivo el sorteo, ya que al jugar solo dos partidos en la primera fase no hay margen de error.

En cualquier caso, la suerte está echada. El sorteo no ha sido benévolo y España jugará contra Italia y Eslovenia en sendos partidos al límite. El grupo A será esta vez el grupo de la muerte. Quién más suerte ha tenido ha sido Letonia, que está encuadrada junto a los dos equipos en teoría menos potentes (Austria y Polonia). El otro grupo está más compensado, con dos potencias como Serbia y Rusia y un conjunto peligroso, como Grecia.

Tras el sorteo, el head coach, Andrea Bassani, se tomó el resultado con filosofía. “Antes de jugar no podemos dar por perdido ningún partido. Está claro que debutar ante Italia es una prueba más que difícil, pero ya nos pasó el año pasado en el Mundial cuando debutamos ante la potente Serbia pensando en una derrota digna y acabamos perdiendo de dos puntos después de tener tres oportunidades de al menos forzar la prórroga”.

El capitán, Marc Alcaraz, ve el vaso medio lleno. “Hay mucho de lo que alegrarse. Para empezar, pocos pueden jugar contra equipos de este nivel tan alto y nosotros lo vamos a hacer. Y además jugaremos sin presión porque está claro que no somos los favoritos”. Marco Palmero, uno de los jugadores que crece en los partidos importantes, se muestra optimista. “Sabemos que son rivales durísimos, los mejores, pero les recomiendo que no se confíen. El deporte está repleto de sorpresas”. Eduardo Malo de Molina, otro de los capitanes, añade que “no es conveniente verse en la final antes de jugar. Nosotros somos un equipo y actuamos como tal y ahí radica nuestra fuerza. Sabemos que va a ser extremadamente difícil, pero hay que intentarlo. Somos un grupo tan compacto que un pivot puede hacer de base en ocasiones y un escolta puede jugar como center unos minutos”.

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